Diomedes Díaz es un fabuloso cantante vallenato nacido en La Guajira, Colombia hace 52 años. Su producción musical es vasta y sus seguidores son innumerables, siendo probablemente el mejor interprete vivo de esa música folklórica.
Sin embargo su vida no ha estado exenta de sucesos escandalosos como el ocurrido la noche del 14 de mayo de 1997 con la joven de 22 años Doris Adriana Niño García, quien desapareció después de haber estado en una fiesta íntima con Diomedes y otra mujer en la que además de sexo, cocaína y alcohol pudo haber algo más.
La madrugada siguiente a 100 km de Bogotá unos campesinos vieron que un hombre se bajaba de un coche y abandonaba el cuerpo de una mujer, cuya identidad se desconocía y después de realizarle la autopsia se sepulto el cadáver con el nombre ficticio de Sandra en una fosa común. Dado que se pensó inicialmente que se dedicaba a la prostitución, un grupo de prostitutas, con la colaboración del cura del lugar reclamaron el cadáver para darle cristiana sepultura. Se le realizó el velatorio por sus supuestas compañeras de profesión y luego de la misa se le sepultó en una bóveda. Todo pudo haber quedado ahí de no ser porque un hermano de la joven llevó fotos de la chica a un programa de televisión y el sacerdote la identificó como la prostituta encontrada sin identificar y a la que las prostitutas habían velado y enterrado con el nombre de Sandra. Exhumado el cadáver se vio que tenía restos de cocaína y la dirección del cantante y a partir de ahí se le relacionó con Diomedes quien fue juzgado y condenado a 12 años de prisión por homicidio, que se redujeron a 6, de los que cumplió algo más de 3 y medio.
Este episodio alejó a Diomedes de la música pero su retorno fue espectacular, arropado por sus seguidores y rechazado por sus detractores
Entre sus múltiples éxitos está la conocida canción "Que me coma el tigre", "Dos corazones", "El Alma en un Acordeón" o "Brindo con el Alma".
Todos hemos tenido alguna mujer, una dama o una damisela que nos encante y embruje. Una damisela encantadora de ojazos negros llenos de amor, con una boquita roja que es una flor y un cuerpo de palmera por el que se muere nuestro corazón. Eso quizás le ocurrió a Ernesto Lecuona, el genial compositor cubano con alguna mujer cuando escribió la canción que todos asociamos siempre con Esther Borja.
Esther Borja fue, aunque no haya muerto, una cantante inigualable. Nacida en 1913, es una cantante lírica de rompe y rasga que quien la escuche tiene que sentirse embriagado al oir su voz. En Cuba mantuvo durante más de treinta años el programa televisivo "Album de Cuba" en el que interpretaba sus canciones. A los 70 años dejó de cantar para que sus admiradores la recordaran con la voz que admiraron, una voz melodiosa, dulce y embriagadora. Lecuona se fue de Cuba y murió en Santa Cruz de Tenerife, Esther aún vive en su país y su música vivirá en mi donde quiera que esté.
Damisela encantadora
Música y letra: Ernesto Lecuona
Por tus ojazos negros, llenos de amor. Por tu boquita roja, que es una flor. Por tu cuerpo de palmera, lindo y gentil, se muere mi corazón. Si me quisieras, figurina de abril, mi vida entera yo te daría a ti. Si tus labios rojos yo pudiera besar, me moriría de amor. Damisela encantadora, damisela por ti yo muero. Si me miras, si me besas, damisela serás mi amor. Cuando a mí los galanes, sin distinción, me dedican requiebros con gran pasión, con mi aire de princesa, bello y juncal, les destrozo el corazón. Si yo te diera mis caricias de amor, tu vida entera se abrasará de ardor, y mis labios rojos tú pudieras besar sabrías qué es amor.
Llegar a viejo y haber vivido a veces tiene sus ventajas en forma de batallitas como dicen los más jóvenes. Mi "batallita" de hoy es con los Formula V, que he estado escuchando y me ha llevado, abducido a través de su música, a otros tiempos vividos.
Formula V no fue nada del otro mundo sino de este, un grupo de jóvenes músicos que a fines de los 60 (¡Joder, que década!) decidió hacer canciones desenfadadas, comerciales y amelcochadas, que gustaban. Nada del compromiso social del que tan necesitados estábamos, pero que siguiendo a otros eran capaces de entrar por el oído y salir en forma de murmullo por la boca, alternando con otras más comprometidas con la sociedad que se vivía en esos momentos y prolongándose a la entrepierna acercarnos a nuestra pareja.
Había pasado la Primavera de Praga, ya nadie se escondía detrás de las barricadas parisinas y el Ché era polvo (más polvo enamorado), y los jóvenes buscábamos diversión. Fue cuando surgieron Formula V, Los Diablos, Los Bravos, Los Canarios o Los Mustangs, Los Brincos o Juan y Junior y otros.
Fue otra época, ya vivida, felizmente pasada pero que está ahí, plena de recuerdos y de vida en una generación que maduró escuchando esa música y que oyéndola procreó la siguiente que ni siquiera conocen el ritmo músical con el cual se les engendró.
Ya no tengo su amor, mi amor, pero Violeta, Marisol y Mara si me leyeran sentirían lo mismo que yo al recordar esos grupos musicales de hace cuatro décadas. Para ellas y para mí las letras de estas dos canciones.
Hoy se cumplen años de que te fuiste y no puedo adaptarme a la idea de que ya no estás. Me jodió mucho que te fueras sin despedirte, pero me alegró mucho que lo hicieras cuando estabas celebrando tu cumpleaños junto a tus amistades, reales u ocasionales. Al menos quienes último te rodearon eran capaces de hacerte sentir bien.
No veas como me jodió recibir la llamada tuya que esperaba y que no fuera tuya sino de otra persona para decirme que habías muerto.
Yo, bien lo sabes, tengo un concepto diferente de la amistad o el amor. Si te quise fue no porque las normas sociales me obligaran a ello sino porque para mi quererte era una necesidad. Si te admiré fue porque eras alguien admirable, si seguí tus pasos fue porque eran pasos que había que seguir.
Hoy que ya no protestarás te diré que fuiste la persona más inteligente que conocí (habrá muchas más inteligentes y sabias que tú, pero no he podido conocerlas) y tengo que decirte que durante una etapa muy importante de mi vida no quise a nadie más que a tí, aunque seguramente muchas otras cercanas a mi eran más queribles.
Aún sigo escuchando la música que nos gustaba a los dos, intento estar en contacto con tu hijo y (para que te jodas) hoy me han traido las pruebas de otros siete libros que he ido acumulando a lo largo del tiempo sin publicarlos y que ya están listos.
Recibe un beso, yo entretanto seguiré escuchando tu música y emborrachándome mientras te recuerdo.
Y para que te jodas, estoy escuchando a Panchito Riset, al Trio Matamoros y a Toña la Negra mientras bebo Havana Club. ¡Chinchate!
A media noche empieza la vida y a media noche empieza el amor. Ya lo dijo Benny Moré en aquel inolvidable duo con Lalo Montané de la canción de Pablo Cairo que escucho con frecuencia, sólo para percatarme que a media noche suelo estar durmiendo desde hace horas y envidiar a quienes pueden hacerlo. ¡Joder! ¡Qué manera de comenzar a vivir a media noche en otros tiempos! ¡Qué realidad esa de que a media noche empieza de verdad la vida, a esa hora en que todos los gatos son negros! Y quizás ahora, que se puede vivir a tope a cualquier hora, no tanto, ¡pero en otros tiempos!
A media noche se salía "de cacería", a media noche en ciudades pequeñas se podía ir a sitios donde antes era pecado, a media noche éramos esperados con la puerta entrejunta. A media noche uno era otro que a medio día y empezaba la vida porque siempre estábamos insatisfechos con la que llevábamos.
Pero también a media noche terminaba la vida de muchos, los fusilados, los suicidas, los drogadictos y los habitantes de los submundos de este mundo incompleto e injusto solían terminar su vida a media noche o después de ella.
No iré a la barra a pedir dos tragos con el embrujo de esa canción, ni a recordar las casas de putas visitadas o las fiestas a las que acudí, iré a tomarme las pastillas e iré a la cama, porque a media noche ya para mí no empieza la vida.
¡Sherry! He vuelto a escuchar a The Four Seasons con Sherry y me he transportado a otra epoca cuando añoraba cosas que después logré o no logré. Frankie Valli no tiene ni puñetera idea de como atesoro esa canción. O aquella de Oh Carol y Never on Sunday en esa su versión tan especial.
Los Four Seasons fueron considerados como el grupo de rock más famoso del mundo cuyos componentes fueran blancos incluso por delante de Los Beatles (antes las cosas eran así desafortunadamente) en la década de los 60.
Hoy prácticamente son desconocidos y sólo algunos nostálgicos o melómanos los recordamos pero de que valían, valían y ese falsete solo tenía comparación con el de Los Platters.
Asi son las cosas. Sic transit gloria mundi, pero que me quiten lo escuchao.
Nadie duda que La Gioconda es una obra de arte, ni tampoco el David, los Girasoles, la V Sinfonía o la Capilla Sixtina. Entre otras cosas porque si alguien lo dudara se le tildaría de loco. Sin embargo no ocurre así con la música popular o la belleza humana. Ahora escuchaba a Chabela Vargas cantando con Ana Belén "Amanecí otra vez" y tengo que decir que es una obra de arte, aunque no le gusta a todos, casi al mismo nivel que las que señalé antes y quizás un poquillo menos que una chica bellísima, la más bella vista en muchos años, que ví hace un tiempo en Budapest, quien descuidada de sí, leía un libro descalza en la mesa de una cafetería cercana al Mercado Central mientras bebía un zumo. Ella nunca lo sabrá, pero mientras la miraba pensaba en sus padres y decía ¡Chapeaux Maestros por la obra de arte que han creado aunque ningún crítico se los reconozca ni su hija jamás aparezca en una enciclopedia o un catálogo artístico!
A veces uno tiene ganas de morirse de puro aburrimiento y hastío de la vida. Hay épocas en que todo nos sale mal y lo que tenía que salirnos bien nos sale peor. Son esos días en que tenemos dos pies izquierdos en vez de uno para no equivocarnos al levantarnos. El mundo parece venirsenos encima y no encontramos la forma de que no nos aplaste en medio de la oscuridad en que se ha convertido nuestra monótona vida que lleva nuestra moral por el subsuelo. De repente una frase escuchada o leida miles de veces nos devuelve a nuestro lugar, sobre todo si viene de una voz infantil que por el teléfono te dice: Abuelo yo te quiero desde aquí hasta el cielo. ¡Dios bendiga a los nietos!