A MI PADRE
Cuando cercano a su muerte mi padre se lamentaba de que además de cuestiones genéticas y una madre viuda, sólo nos dejaría recuerdos, no pensaba que al cabo de tantos años de su desaparición física, sus descendientes íbamos a valorar tanto su legado.
No nos dejó un duro, pero si un puñado de ideas y principios, la imagen de su ejemplo y la satisfacción de haberlo conocido y vivido con él una parte importante de nuestras vidas. Yo por mi parte no he sido el mejor padre o abuelo del mundo, pero tampoco el peor. He vivido como él, trabajando honestamente, luchando por la familia e inculcando a los míos las ideas que de él aprendí y que a él le había legado aquel currante gallego que murió de tuberculosis y morriña.
He vivido tal como quiero morir, fiel a mis principios, sabiendo que no todo vale, que hay que luchar por un mundo mejor, rectamente, sin dobleces, y a esta altura de mi vida solo aspiro a que cuando hayan pasado de mi muerte tantos años como de la suya, uno de mis descendientes se siente delante de un ordenador a recordarme como alguien honrado que supo enseñarle el camino de una vida honesta y me dedique emocionado un post.