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La Coctelera

EL ARTE DE DERALTE

ACERCA DE ALGUNAS COSAS QUE ME MOTIVAN A ESCRIBIR UN BLOG

12 Junio 2009

BARBARITO DIEZ, LA VOZ DEL DANZÓN

 

El danzón es el baile nacional de Cuba. Se baila pegado, la mano izquierda del hombre levantada, la derecha de la mujer apoyada en ella mientras su mano izquierda se apoya en el hombro del bailador, que rodea su cintura con la mano derecha y si la relación es más intima o ha avanzado el baile ella pone la cabeza encima de él y se pegan mucho más al ritmo de la música.

El primero que se compuso fue "Las alturas de Simpson" en 1879 por Miguel Failde. Mucho ha llovido desde entonces, pero nunca se identificó a un cantante como "la voz del danzón", que no era música para cantar sino para bailar, hasta que apareció Barbarito Diez.

Barbarito fue de la época radial. Tenía una voz que encantaba a todos y sobre todo a las mujeres y como dijo alguien era "insólitamente hermosa", casi una ofensa. A pesar de que cantaba una música para bailar era proverbial su inmovilidad en el escenario. Hay anécdotas de mujeres enamoradas de la voz de Barbarito cuando aún no existía el fenómeno "fans", que sufrieron la decepción propia del racismo cuando descubrieron que aquella voz venía de una garganta negra. ¡Sacrilegio! ¿Cómo un negro puede cantar así?

Conocí a Barbarito Diez en 1974 cuando ya era septuagenario. Volví a verlo diez años despues, no veinte (Si las cosas que uno quiere se pudieran alcanzar, tú me querrías lo mismo que veinte años atrás) antes de que la diabetes hiciera estragos en su cuerpo.

En 1995 dejó de existir LA VOZ DEL DANZÓN y siempre me queda el dolor interno de que no se le rindió el homenaje oficial que debió rendirse a quien con su voz  fue el sostén universal del Baile Nacional de Cuba, que pronto si no hacen nada tomará el camino de los dinosaurios. Barbarito fue velado y enterrado en la intimidad familiar quizás por cuestiones políticas que nada tenían que ver con la calidad indiscutible del mejor cantante cubano de danzones de toda la historia.

Para él mi recuerdo, para Pablito, su hijo, el testimonio de que su padre fue un grande que todos querremos y mi homenaje mientras lo escucho diciendo aquello de que "sin azúcar no hay país" y entonando la Flor de Yumurí, que a una maravillosa mujer me recuerda y de cuyo recuerdo e influencia nunca he podido desprenderme.

FLOR DE YUMURÍ 

Flor de Yucayo la bella
al nacer me ha copiado
Yumurí en su cristal.
Es ese río el espejo
donde ansío mi rostro
por siempre reflejar.
¡Ven, oh mi amor, a la orilla
de este río de oro
con tus flechas y con tu caney!
Ven y verás como el río
con sus aguas solloza
las quejas del siboney.
Ven, oh mi amor, a la orilla
de este río de oro
con tus flecha y con tu caney.
Ven y verás como el río
con sus aguas solloza
las quejas del siboney.
Ven ya, que ardiente te espera
la flor de tu Yumurí.

 

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