ME DESORDENO, AMOR, ME DESORDENO
Hace años escuché un poema de Carilda Oliver Labra, poetisa cubana, matancera para más señas, que me encantó y discutía, si chateando se puede hacer tal cosa, con mi amiga Berta, matancera también, entre quien nos resultaba más cercana y mejor entre dos poetisas yumurinas, si ella o Digdora Alonso y al final de muchas sesiones de chat ganó ella, porque Digdora era algo distinto, menos romántica pero más poetisa, menos no se qué y más no se cuanto, pero a mi siguió gustándome más Carilda y como Berta vivía cerca de ambas consiguió que me dedicara unos libros suyos (de Berta como dueña y Carilda como autora) que llegaron a mí envueltos en el papel amarillo del sobre, el olor de agua de violetas de Berta y el embrujo de Carilda y su dedicatoria. Hoy traigo uno de sus poemas, que dedico a Berta aunque ella prefiera a Digdora.
ME DESORDENO, AMOR, ME DESORDENO
Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada,
y casi sin por qué, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.
Te toco con la punta de mi seno
y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada
me desordeno, amor, me desordeno.
Y mi suerte de fruta respetada
arde en tu mano lúbrica y turbada
como una mal promesa de veneno;
y aunque quiero besarte arrodillada,
cuando voy en tu boca, demorada,
me desordeno, amor, me desordeno.