LOS GEMELOS
José Juan y Juan José, los gemelos idénticos de Doña Teresa, nacieron con minutos de diferencia porque como decía la difunta le bastaron dos pujidos y tres contracciones para desembarazarse de ellos y descubrir que eran como dos gotas de agua.
Eran idénticos, como dos gotas de agua, si, sin embargo eran diferentes en todo. José Juan era alegre y optimista, Juan José triste y pesimista. Juan José le temía a la vida o quizas a perderla y la cuidaba en exceso, José Juan la amaba y la disfrutaba a tope sin preocuparse por el mañana, casi como si cada uno de sus días fuera el último que viviría.
Juan José era abstemio y José Juan se deleitaba con los mejores caldos e incluso con los que no lo eran tanto. Mientras que Juan José no fumaba José Juan lo hacía como un carretero. Juan José era vegetariano, sólo tomaba agua embotellada de manantial y suplía las carencias alimentarías con complejos vitamínicos y José Juan carnívoro o más bien omnívoro, porque lo mismo engullía costillares, solomillos, aves y pescados que vegetales, tubérculos, cereales y otras viandas e incluso las comidas más raras que alguien podía imaginar en pantagruélicas comilonas.
Juan José cuidaba su cuerpo, cultivándolo con gimnasios, tablas de ejercicios, saunas y deporte para mantenerse en forma. José Juan usaba ese mismo tiempo en las actividades que más le gustaban: mujeres y fiestas o en permanecer echado en la cama descansando de los excesos del día o la noche anterior.
Juan José pasó toda su vida intentando vivir más tiempo, mientras José Juan pasaba todo el tiempo intentando vivir la vida. Murieron el mismo día en un accidente de tráfico cuando Juan José, que conducía, se entretuvo al volante en recriminar a su hermano el que no se cuidara más para que viviera más tiempo y en mejores condiciones.
Doña Teresa nunca encontró consuelo a la perdida de sus gotas de agua tan iguales y tan diferentes.
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