LO SIENTO, MICHAEL
- Lo siento Michael - dijo la voz al otro lado del teléfono - no es nada personal pero sabes que ya no puede haber vuelta atrás, conoces demasiado y llevamos mucho tiempo preparándolo todo. Tienes 24 horas para decidirte o atenerte a las consecuencias. Cualquiera hace una parada cardiopulmonar Michael, debes tenerlo en cuenta.
- Lo se, pero es que...- y sintió el click al cortarse la comunicación sin llegar a saber si aquello era una amenaza o una explicación.
Comenzó a temblar y maldijo una y mil veces haber caído en la tentación de apartarse de todo y salir de las deudas que le estaban abrumando o de la pérdida de popularidad al precio de más deudas y más popularidad.
Le habían contactado en un lejano país mesoriental y bajo diversas amenazas terribles tuvo que acceder a la entrevista con un enviado de la organización que lo prepararía todo. Le explicaron cómo subirían sus ganancias después de desaparecer, cómo evitaría los escándalos que se le avecinaban y la forma en que se harían los exorbitantes pagos a la organización. Luego fueron las aclaraciones de cómo se prepararía el operativo fijándose una fecha futura para llevarlo a cabo, que podría ser en unos años, según se presentaran las condiciones.
"El mayor problema en tu caso es buscar un doble. Con Elvis fue menos difícil" le dijeron y casi se desmaya al comprobar que todo lo que se rumoraba podía ser cierto. Exigió pruebas, porque eso de desaparecer del mundo no era cosa de tomar tan a la ligera, una vez hecho no podría arrepentirse y más si iba a fingir su muerte y alguien iba a morir en su lugar. Los problemas serían terribles si surgía algún contratiempo.
El enviado lo calmó asegurándole que tendría las pruebas que deseaba en el momento preciso. Terminada la entrevista supo que se movía en terreno pantanoso pero no obstante comenzó a efectuar los pagos estipulados ante el temor al chantaje.
Tiempo después volvieron a contactarlo. Las orientaciones fueron precisas. Vestido con ropa de mujer que le habían enviado entró a un baño de señoras y allí se quedó estupefacto al ver salir de uno de los inodoros a su imagen especular, vestido con la misma ropa. Tembló al ver su sosias y ese día se dio el cambiazo. Su doble comenzó a maquillarse delante del espejo para ser "descubierto" y que se armara el alboroto mientras él permanecería escondido y saldría en medio del barullo y así fue.
Rápidamente fue conducido a un auto oscuro que esperaba fuera, que luego cambiaron por otro y por un tercero hasta que llegaron a un aeródromo donde tomaron un jet. Unas horas después, sin la menor idea de hacia donde iba, comenzó a dormitar cuando ya sobrevolaban el océano. Cuando despertó miró por la ventanilla y avistó una isla en medio del mar a la que al parecer se dirigían pues el avión comenzó a perder altura hasta que se posó en una pista paralela a la costa.
"Bienvenido a Elvis Island" le dijo su acompañante cuando ya se abría la portezuela del avión y comenzaron a descender la escalerilla. "Quería pruebas, ahora las tendrá" dijo en tono severo mientras subían a un jeep que inmediatamente se puso en marcha para detenerse un rato después en un pequeñísimo cementerio.
"Vea, aquí está Hitler, que junto con Eva Braun fue el primer habitante de la isla hasta que llegó Stalin ocho años después. Nunca se llegaron a ver pero ahora descansan juntos. Aquí está Franco, el español, dijo señalando otra tumba, y allí Jimmy Hoffa". "Es imposible" dijo Michael "todos vieron sus cadáveres. Bueno, en el caso de Hoffa no, pero,,,"
"Todos vieron unos cadáveres, no los suyos, de hecho algunos llegaron aquí en viaje de exploración y dejaron sus dobles en sus países como es el caso de Franco o Saddam Hussein, en el caso de Hoffa fue imposible conseguir uno en tan poco tiempo"
"¿Saddam está aquí?" preguntó Michael
"No" respondió el otro caminando hacia el jeep "Vino de visita pero se regresó y ya no pudo volver. El que está valorando si viene es Bin Laden, pero todo está muy verde aún y es la organización quien tiene sus reparos". Michael tembló con un profundo escalofrío recorriendole la espalda.
El jeep se puso en marcha de nuevo y le fue mostrando todas las dependencias de la isla. No faltaba de nada en ella para tan ilustres habitantes quienes pagaban un precio tan elevado por desaparecer.
Aparcaron delante de un palacete y ascendieron las escaleras. La puerta principal se abrió y lo vió de cuerpo presente. Allí, delante de sus narices se encontraba "El Rey", más viejo y más gordo, pero indudablemente aquel septuagenario era él, quien le extendía la mano y le invitaba a pasar.
Había permanecido en la isla algo más de un mes y se quedó encantado de la paz que se respiraba y de sus veladas con Elvis, cantando y recordando. Era fenomenal lo que le estaba ocurriendo y pensar que no podría contarlo a nadie so pena de que lo calificaran de loco.
Una noche le dijeron que se preparara para regresar al día siguiente y fue donde Elvis a despedirse. "He preparado algo para ti, porque sólo tú podrías hacer lo que he estado pensando desde que supe que no ibas a quedarte definitivamente" dijo El Rey y le entregó varios papeles con canciones originales que nunca habían sido escuchadas. "Puedes decir que son tuyas, con tal de que las cantes y sean conocidas. Ya a mi no me sirven para nada".
De nuevo dieron el cambiazo de la misma forma que la vez anterior, sólo que en un país distinto y Michael regresó a su vida para comprobar que su doble había logrado confundir a los demás incluyendo a sus más allegados.
Pero ahora, al cabo de varios años, había llegado el momento de desaparecer, precisamente cuando él empezaba a sentir dudas. ¿Y si todo era un montaje y Elvis no era Elvis sino un doble y en aquellas tumbas no había nadie de quienes se decía que estaban allí enterrados? ¿Y si una vez en la isla lo dejaban abandonado sin ocuparse de él?
Llevaba meses de insomnio desde la última vez que le habían contactado para comunicarle la inminencia del operativo, desde entonces se pasaba el tiempo con crisis de pánico y mucha ansiedad, demasiada, que para justificar ante quienes le rodeaban atribuía a las más diversas cuestiones y comenzó a requerir mayor cantidad de medicamentos incluso por vía intravenosa para poder calmarse.
Le habían dado veinticuatro horas y ya estaban al vencer. Tenía que tomar la decisión más importante de su vida.
Sonó el timbre de su teléfono privado y supo que todo se había terminado para él. Dejó que sonara y a los seis timbrazos descolgó y se dispuso a hablar con quien se encontraba al otro lado de la línea. Ya tenía su decisión tomada.