LAS MUJERES QUE ME HAN DEJADO
La muerte de Olga Guillot me puso a reflexionar en cómo se han ido yendo aquellas interpretes musicales favoritas que han marcado parte de mi vida y casi me dio un ataque de pánico.
Ya no están Dalida, Patsy Cline, Ella Fitzgerald ni Melina Mercouri. Se fueron Tita Merello, Edith Piaff y Libertad Lamarque. Elena Burke, Amalia Rodrigues y Toña la Negra me dejaron igual que Marlene Dietrich y Lale Andersen. Celia Cruz me abandonó inmisericordemente como antes hicieron Amalia Mendoza, Chabuca Granda, Rocío Durcal, María Teresa Vera y Lola Beltrán.
Y yo, triste y sólo, me refugio en Lucha Villa, Xiomara Alfaro, Chavela Vargas, Paquita la del Barrio y Cesaria Évora, que en mis noches de viernes me recuerdan que aún están vivas y me hacen sentir que yo lo estoy y entonces brindo por ellas mientras las escucho y espero que vengan los fantasmas de mi juventud.
Y llegan: Dalida inclina la cabeza con su melena al viento después de bailar descalza Katsachock, Patsy, triste, habla de Three cigarettes in an ashtray, Ella me canta Mack the Knife y cuando muevo la cabeza al compás de la música Melina me cuenta de los niños del Pireo. Marlene y Lale entonan a duo Lili Marleen mientras Edith me recuerda de La vie en rose y su voz se mezcla con la de Tita que me dice tranquilo, viejo, tranquilo y Libertad cronicándome el dolor y la alegría de su Buenos Aires querido para que Amalia, la tariacuri, Lola Beltrán y Rocío Durcal acompañadas de mariachis me recuerden al México lindo y querido que amo y me deje llevar de la mano de la otra Amalia, la reina del fado, a la Lisboa antigua de mis amores cruzando del puente a la alameda con Chabuca, quien me deja en manos de María Teresa que me dice que Veinte años no son nada pero yo los siento mucho y más cuando Elena, la señora sentimiento, proclama de lo que me he perdido la noche de anoche por no estar con ella y era por estar con Toña, la jarocha, que asegura que por más que quieran no pueden comprender que somos tan iguales y casi empiezo a llorar cuando Olga me pide que le mienta y lo hago definitivamente cuando Celia me grita ¡Azucaaaa!