REENCARNACIONES
Atanasio no creyó en las reencarnaciones hasta la noche en que vio a su gato maullándole a la luna tras levantar la pata y orinar pegado a un árbol. Entonces, convencido de quien había sido en otra vida, salió corriendo a cuatro patas, y dando coces comenzó a relinchar sin importarle qué pensaran de él.