QUE SIGA EL TREN DE LA VIDA
Muchos tenemos mil vivencias perdidas asociadas al tren, quizás por eso cuando podemos, aún cuando sean otros, aprovechamos para subirnos a ellos y volver a soñar. ¡Cuantos trenes circularon cerca de mi a lo largo de mi vida! ¡Qué ilusión aquellos viajes en el gas car con los padres y hermanos aunque sólo fueran unos pocos kilómetros! ¡Cuantos regaños a los que intentaban paliar el hambre robando caña a “la cañera” humeante en su trayecto rumbo al ingenio avisando con sus pitidos la llegada de su carga! ¡Cuantos cojos a consecuencia de intentar abordar un tren en marcha o correr detrás de ellos! ¡Qué agonía un viaje largo en el tren “lechero” que paraba en cuanto apeadero aparecía en el mapa para subir pasajeros y carga o que los vecinos intentaran vender algo por las ventanillas antes del habitual “Pasajeros al tren” y el silbato de aviso! ¡Qué alegría un viaje dominical en tranvía mirando las muchachas vestidas de limpio! ¡O cuanta picardía en los adolescentes al bañarse desnudos en los ríos y saltar al aire al paso del tren por el puente para que los vieran!
¡Cuantas cosas más circularon por las vías en los trenes de carga: los alimentos, las armas, las tropas, los muertos, la guerra! Ah, Pero por las vías también circulaban el amor y las cartas, los familiares lejanos, los visitantes bienvenidos, los que volvían quien sabe de donde, los extraños que nunca supimos de donde venían y los hijos pródigos que regresaban o los que se fueron para nunca volver diciendo adiós con un pañuelo desde la ventanilla o el cabús mientras lloraban los que les despedían o simplemente los miraban aquellos que acostumbraban en sus paseos ir a la estación a la hora en que llegaba el tren para conocer e informar de primera mano quien se fue o llegaba.
Pasaba el tren, el tren de pasajeros, el tren rápido, el tren lechero, el bananero, la cañera, el trencito de Hershey, el de las 2, el nocturno y siguen pasando, pasa el tren transiberiano, el tranvía 28 de Lisboa repiquetea su campana subiendo las cuestas, pasa el Orient express, el Rapide Puerta del Sol llega a París, pasa el AVE y pasa la vida como pasa el tren ¡Fuiiiii! ¡Pipipiiiiii! Chuc, chuc, chuc, chuc, chuc, chuc, PiiiiiPiiiii, chuc, chuc, chuc, chuc, chuc.
Hoy los trenes son otra cosa, pero yo no pierdo oportunidad de subir a ellos aunque ya no sean los mismos trenes, ni su chacachá suene igual, que no veamos pasar los postes del telégrafo, las casas de los campesinos, las muchachas lavando en los ríos o los niños diciendo adiós a los pasajeros o simplemente que nadie intente vendernos algo al pasar de largo por apeaderos fantasmas que alguna vez sirvieron para tomar el tren y salir al mundo.
No importa, aunque todo haya cambiado que siga el tren, que siga el tren de la vida con sus recuerdos mientras escucho música.
QUE SIGA EL TREN
Autor: Miguel Matamoros (La mejor versión, que no he podido encontrar)
Volveré a nacer si me muero,
volveré a nacer para amarte .
volveré a nacer si me muero para quererte
volveré a nacer para no olvidarte.
Volveré a nacer si me muero para quererte.
Volveré a nacer para no olvidarte.
Que siga el tren
y su vaivén,
que siga el tren de la vida.
Que siga el tren
y su vaivén,
que siga el tren más allá.
Que siga el tren
y su vaivén
con nuestras almas unidas.
Que siga el tren
y su vaivén.
Que siga el tren una eternidad.
Ay para quererte nací.
Ay para quererte no más.
Ay...
Ay para quererte mi bien...
Ay QUE SIGA EL TREN (MIGUEL ACEVES MEJÍA)
. EL CHACACHÁ DEL TREN (EL CONSORCIO)
. TREN DE CARGA (ELDER BARBER)
. QUE SIGA EL TREN (VICTOR PIÑERO)
. QUE SIGA EL TREN (LOS MELÓDICOS)