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La Coctelera

EL ARTE DE DERALTE

ACERCA DE ALGUNAS COSAS QUE ME MOTIVAN A ESCRIBIR UN BLOG

22 Enero 2011

ÑUÑO

Mi tía Ñuño, Guden o Gaudencia Vicenta cumpliría hoy cientocinco años pero murió mientras dormía hace cinco. Murió tranquila como vivió. Quien quiera saber como era basta con que lea Cien Años de Soledad y analice a Santa Sofía de la Piedad. Yo, que conocí a Ñuño antes de que el Gabo publicara su novela siempre me pregunté si la habría conocido o es que retrató a las muchas Ñuños que hay desperdigadas por Latinoamérica y el mundo.

Ñuño tuvo una vida que terminó cuando Pepe, aquel andaluz saleroso que la enamoró y le hizo dos hijas, se fue detrás de otras faldas dejándola sumida en un mundo que nadie comprendía.

Ñuño encontró su sitio en la cocina a partir de aquel momento. Cuando la conocí estaba allí y cuando dejé de verla seguía en el mismo lugar, haciendo el mismo menú cada día: para el desayuno café con leche y pan con mantequilla, en el almuerzo potaje de frijoles colorados y arroz blanco con lo que cayera y para la comida sopa y cocido. Los domingos cedía la cocina a Galle y entonces comíamos macarrones “emperrados” o arroz con pollo y así una semana, la otra y la siguiente.

Ñuño se quedó casi ciega antes de que yo naciera y creo que casi muda también. Apenas hablaba y permanecía al margen de todo y, salvo para los sobrinos, era un mueble más en la casa de la loma.

El problema para los demás era que los sobrinos y los sobrino nietos a quien más queríamos era a aquella viejilla anónima que permanecía junto a los fogones y que parecía pasar de todo.

Muchos años después, tras un viaje en que volvió a ver a sus hermanas emigrantes y que la operaron, Ñuño volvió a ver, pero ya estaba demasiado vieja. Un tiempo después murieron sus hijas y volvió a quedarse sola, atendida por las sobrinas y las sobrinanietas. Próxima a cumplir el siglo de vida una mañana Ñuño no se despertó en la casa familiar de la loma de Caymari donde había vivido casi desde que nació.

Para ella en homenaje a mi tía infeliz que tanto quiero traigo Caminito de Guarena, la única canción que en alguna ocasión le oì tararear quizás recordando otra vida que tuvo o quiso tener.

 

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