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La Coctelera

EL ARTE DE DERALTE

ACERCA DE ALGUNAS COSAS QUE ME MOTIVAN A ESCRIBIR UN BLOG

6 Febrero 2011

GRAFITIS

“NO TENGO PELOS EN LA LENGUA…PORQUE TÚ NO QUIERES” rezaba un grafiti escrito en una pared a dos manos y en dos tiempos hace muchos años y al recordarlo no puedo dejar de sonreír por el humor que puso el segundo escritor al que parecía un mensaje serio, quizás contestatario, del primer autor cambiando completamente el sentido del mismo que ahora era una invitación bien sabemos a qué.

Los grafiti siempre han existido como expresión anónima de protesta, burla o comunicación, aunque poco a poco vayan desapareciendo y se sustituyan por pintadas, grandes letreros u obras de arte murales, a los que no voy a referirme en estos recuerdos.

En mi infancia había grafitis reivindicativos, de amor, satíricos, comerciales o publicitarios como el de Chori, un artista que se anunciaba por las calles de La Habana poniendo su nombre en las paredes con tiza, y hasta misteriosos como dos muy repetidos “Faltan pocos días” y “Ya vienen llegando” o uno aplicable a cualquier cosa que decía “Vete ya”.

Los grafitis para denunciar los gobiernos y políticos se hacían aprovechando la noche y como no existían los spray de pinturas se hacían con brochas pequeñas o tizas y un buen par de zapatillas deportivas por si había que correr al ser sorprendido por la policía o los dueños de las paredes.

Pero más que los grafitis políticos me gustaba leer los humorísticos y de amor escritos en cualquier lugar, a veces incluso con un lápiz. Célebres fueron los de los baños públicos, fueran escuelas, estaciones de trenes o cines en los que las paredes recién pintadas duraban limpias de ellos lo que un merengue en la puerta de un colegio, con clásicos como “Mea feliz, mea contento, pero cabrón, méate adentro”.

Los de los baños de uso público eran diferentes según fueran comunidades abiertas o cerradas puesto que mientras en aquellos eran de consumo de desconocidos, en los colegios se sabía quien iba a leerlos y se usaban para eso mismo, casi siempre criticando defectos de los compañeros de clase incluso con algún dibujo decorativo del texto. “Fulanito lameculo” con alguien haciéndolo, o “Zutanito es un dragón” con uno dibujado, advertían del que adulaba al profesor o del mal aliento del otro y a veces daban resultado. Algunos incluso sacaban del armario a otros alumnos descubriendo su opción sexual con lo que le ahorraban el hacerlo ellos mismos o anunciaban qué chica era una calientap...para conocimiento de todos. Los había vengativos como “Menganito picha corta” para el que le había tumbado la novia a alguien o “Dile a tu madre que no me espere despierta” para quien le había hecho algún daño al autor y que todos leían y después repetían en los recreos o a la salida.

Más tarde descubrí los grafitis de las paredes de las posadas o moteles por horas donde las paredes estaban cubiertos de letreros que anunciaban que “Aquí estuvieron Pedro y Juanita el día tal”, algunos románticos con corazones flechados y nombres con la fecha del encuentro amoroso y otros más groseros como “Mi macho me lo dejó como bebedero de pato”, seguramente escrito por el “macho”, y una flecha larga que daba la vuelta por las paredes para terminar en un dibujo explicativo hecho en un rincón.

Luego estaban los de las calles como “Fulana te amo” en la pared de enfrente de la casa de la enamorada para que tuviera que verlo cada día o “Vas a ser mía” frente a la de otra quizás escrito por algún despechado y uno que ví en Lisboa hace muchos años “Voce e o meu fetiche”.

Y desde luego había algunos despectivos e inexplicables como uno que siempre recordaré y que no puedo descifrar que decía así: “Nani, nariz de culo roto”. ¿Cómo es una nariz de culo roto? ¿En que se pueden parecer? Nunca he podido saberlo por eso jamás lo he olvidado y lamento no haber conocido a su autor para que me lo explicara.

Quizás el que más recuerdo de todos era uno que decía “Me estoy muriendo de amor”, obra de algún romántico enamorado (juro que no fui yo quien lo escribió en la pared de aquel muro encalado de San Carlos en 1979) y que hoy me viene a la mente al escuchar “En el tronco de un árbol” de Eusebio Delfín porque también en los árboles se hacían grafitis.

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