La fatalidad ha marcado la vida de Chayito Valdéz, La Alondra de México, desde sus inicios. Procedente de una familia muy humilde, vio abortada la educación musical que pretendía darle Amalia Mendoza, quien la descubrió siendo niña, ante la negativa materna dada la necesidad de ayudar al sostén del hogar por ser la quinta de doce hermanos. Luego fueron los maridos celosos que se oponían a su carrera y la lucha por triunfar, al extremo de financiar ella misma sus primeros discos, que vendía a amigos y conocidos.

Cuando ya comenzó a ser una cantante famosa ocurrió el aparatoso accidente de tráfico que la dejó inmóvil de la cintura para abajo cuando sólo contaba cuarenta años y vuelta a empezar pero ahora postrada en una silla de ruedas, lo que limitaba sus actuaciones. Es de esos tiempos que otra grande, Lucha Villa, se acercó a estimularla y apoyarla ante la situación de la cantante.

De nuevo Chayito conquistó el corazón de su público y se consagró a lo largo de toda la geografía mexicana, pero su destino estaba escrito con el signo de la fatalidad. En junio de 2003 sufre una deshidratación y su cerebro dejó de recibir oxigeno por varios minutos por lo que cayó en coma del que hasta la fecha no ha salido aunque presenta episodios de mejoría. Vive y es atendida en un hospital de California desde ese momento. Durante su carrera artística grabó más de 450 canciones y participó en trece películas.

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UNA SOLA CAÍDA

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BESOS Y COPAS

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CELOSA

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LAS MAÑANITAS

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TRES VECES TE ENGAÑÉ

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UNA SOMBRA