EL PRIMO TRUMAN Y EL TÍO CHE
"Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio" escribió en su último libro Truman Capote, “el primo Truman” según las fantasías familiares de las Capote, como llamaban a la familia de mi madre por el apellido de la matriarca, y estas declaraciones, de haberlas podido leer, terminarían con la apropiación del escritor como miembro de la familia aunque no lo fuera.
Cuando yo era niño contaban que el tío Ché, como siempre se le dijo, o José, como de verdad se llamaba, se fue a Nueva York en los años treinta y que le había ido muy bien o eso decían como agente textil, aunque quizás solo fuera un intermediario, y que había adoptado al hijo de su esposa yanqui dándole su apellido además de cambiarse el nombre por Joseph y agregarse un García en el suyo, quien sabe con que objetivo, y que el hijastro era un gran escritor y que si patatín, que si patatán…¡Todo cosas buenas del tío emigrante que no había podido ser profeta en su tierra y que jamás se había vuelto a comunicar con la familia!
Se recordaba al tío Ché con la anécdota ocurrida un tiempo antes de emigrar cuando fue invitado a cantar a una fiesta en la que la comida era escasa y a él no le tocó nada, que a los postres le pidieron que cantara y se negó diciendo “Que canten los que comieron”, una frase que quedó en el folklore familiar hasta el día de hoy para negarse a un sacrificio cuando se le pide a quien no ha sido beneficiado en nada.
De lo que nunca se habló fue de lo que cuentan los biógrafos del escritor que le ocurrió al padrastro de aquel, que sorprendido en algo financieramente sucio lo perdió todo, pues esto no convenía, ni que el autor de A sangre fría era homosexual, algo que tampoco era bien visto en esa época y más entre gente conservadora.
Tampoco se dijo nunca si de verdad se comprobó que aquel Joseph Capote, padrastro del escritor, era el tío Ché, como querían asegurar para salpicarse del mérito del “primo Truman”, quien no iba a venir a desmentir el parentesco y a quien acusaban de no relacionarse con la familia por lo bien que le iba, cuando pudo ser todo lo contrario y que el tío Ché fuera otro José Capote distinto, que vagara por las calles de la gran manzana aterido de frío y no se comunicara con nadie para no hacerles saber su derrota o por no tener dinero para hacerlo, o que quizás todo fueran coincidencias vitales entre dos personas de igual nombre y origen, pero la vida es así: mejor que fuera uno a que fuera el otro porque siempre quedaría la duda, que no volvió a ser alimentada cuando las más viejas de las Capote fueron desapareciendo pero que a mi me dejan el regusto de la leyenda familiar cada vez que leo algo del "primo Truman".