MAL DE OJO
El tío Cirilo, que nunca llegó a tener sobrinos, murió de mal de ojo siendo niño, o al menos fue lo que siempre se dijo y lo que llegó a la siguiente generación en las escasas ocasiones en que se hablaba de los muertos y que yo supe por boca de las tías mayores, ya que mi madre nació después de su muerte y desconocía todo sobre lo ocurrido.
Fue el menor de los varones y según Ñuño era un niño bello, el más guapo de todos, casi un angelote grande y sonriente con el que todo el mundo tenía que ver de lo simpático que era y que no pasaba inadvertido para quien lo mirara.
En esos primeros años del siglo XX era muy extendida la creencia en el mal de ojo y de hecho aún persiste en muchos lugares, usándose múltiples métodos para diagnosticarlo o eliminarlo y eso fue lo que ocurrió cuando Cirilo comenzó a dejar de sonreír y a comer menos y se descubrió que se le había comenzado a virar un ojo poniéndose bizco.
El médico dijo, según me contaron, que había que esperar para tratarlo a que creciera más, pero las comadres dijeron que no, que aquello era mal de ojo que le habían echado de tan lindo que era y le hicieron las pruebas para demostrarlo. Es de suponer que la abuela viendo languidecer a su querube aceptaría poner un huevo debajo de la cuna y quebrarlo al día siguiente para ver que salía, puesto que con ello no se perdía nada. Y como es de suponer las comadres verían reforzado su diagnóstico al encontrar sangre en la yema del huevo y eso les habría dado la justificación para ponerle el azabache y el ojito de Santa Lucía al muñecón de las Capote como remedio santo después de pasarle un huevo por el cuerpo, rezarle quien sabe cuantos padrenuestros o regar agua bendita por los rincones tras quemar incienso.
Las cosas fueron a mejor y según me contó Ñuño, la única de mis tías que lo conoció y recordaba lo sucedido, todo parecía que iba bien pues el angelón volvió a sonreír y a comer, ahora con su ojo medio extraviado que le hacía más simpático aún, hasta que un día desgraciado lo encontraron muerto sin ninguna explicación más plausible que la del mal de ojo aunque el médico certificara otra cosa en aquella época de oscuros males y peores soluciones.
A los demás miembros de la familia solo les quedó la descripción que hizo Ñuño de aquel niño tan bello pues no se le llegaron a hacer fotos ni espontaneamente se hablaba de él al cabo de tantos años de su muerte o más bien de su breve paso por la vida.