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La Coctelera

EL ARTE DE DERALTE

ACERCA DE ALGUNAS COSAS QUE ME MOTIVAN A ESCRIBIR UN BLOG

29 Septiembre 2011

MEMORIA REMOTA

Rememoraba situaciones de mi vida, buscando en ellas mis primeros recuerdos, para intentar determinar más o menos hasta cuando soy capaz de recordar verdaderamente y cuanto son recuerdos heredados, de esos que a uno le parece haber vivido y que sin embargo es imposible que haya vivido, para asi tratar de imaginar qué cosas podrán recordar de mi mis nietos cuando ya no esté.

Pensé en mi padre y tengo que reconocer que el primer recuerdo suyo que tengo, mucho después de conocerlo y quererlo y mucho antes de saberlo, fue una vez en que me fui con él de la casa de La Loma (no recuerdo nada del camino) y llegamos a la casa de la Tía Josefita, una hermana de mi abuela Silda, allá en Ceiba Hueca, y que cuando llegamos salieron todas, la tía y sus hijas, con refajos y corpiños porque ya estaban durmiendo. Es algo borroso y que quisiera recordar mejor, pero sé que ya será imposible. Dado el momento en que esto pudo ocurrir además de la fecha en que mi padre se fue de Oriente supongo que tendría menos de seis años y por más que lo intento no recuerdo ninguna reminiscencia previa en que él este presente, porque de esa época es la anecdota familiar de cuando le dije que viniera que yo estaba madurito de morirme.

De mi madre lo primero que recuerdo es de cuando vivíamos en la casa de Lucipa, por tanto tendría entre cuatro y cinco años y no más. No recuerdo nada de cuando vivimos en la Casa Chiquita o en la Grande de Tomás Barrero, o en la Casa de Fortuna y los recuerdos de la casa de Nito en La Sal se me confunden con recuerdos posteriores en esa misma casa y con la misma gente. Se que puedo definir más o menos la fecha de los recuerdos de acuerdo con que viviera en Oriente o no, lo que ocurrió a partir de los seis años, pero puedo equivocarme porque la mente envejece y nos confunde con sus tramposas trampas.

Doy vueltas a la mente, siempre yendo a Oriente, y no puedo aclararme. Mi estancia en el asilo de los niños fue cuando tenía entre cinco y seis años y nitidamente sólo recuerdo aquella sesión en que nos hablaron del valor del olfato, y la profesora, cuya cara no recuerdo, nos dio a oler varias cosas para identificarlas, de las que solo recuerdo el tabaco y la canela, antes de vendarnos los ojos y que dijeramos cual era la que olíamos.

Intento buscar más entre los recuerdos colaterales que puedan llevarme a saber cuántos años tenía en la época de la que aún puedo recordar y aunque me devane los sesos no puedo ir más allá de los cuatro años que le llevo a Leo, que nació en la Casa de Fortuna, y de la que no recuerdo nada.

He llegado a la conclusión de que si no recuerdo nada de cuando vivíamos en la Casa de Fortuna necesariamente mis recuerdos tendrían que provenir de cuando tenía más de cuatro años, pero tampoco recuerdo claramente nada de cuando vivíamos en La Sal, así que tienen que ser de cuando tenía más de cinco. ¡Dios mío, si tuviera a quien preguntar cuando fue la boda de Xiomara y Aroldo o cuando Nito se mudó a la casa de la Segunda Avenida de Caymari quizás sabría la antigüedad de mis recuerdos!.

Si recuerdo claramente cosas de Oriente tenía que tener menos de siete, que era casi la edad que tenía cuando nos fuimos para La Habana, pero eso me deja insatisfecho, porque a pesar de recordar muchas cosas y personas no soy capaz de recordar nítidamente los rostros.

Entre cinco y siete. Entre siete y cinco está el seis, pero no me quedo satisfecho, me asalta el recuerdo de una foto en que estamos los tres varones vestidos de cow boys en un Día de Reyes, que tiene que haber sido cuando tenía entre cinco y siete, y no me ayuda a despejar esta incógnita el saber que pudo haber sido a los seis porque era un Día de Reyes, el último que vivimos en Oriente.

No puedo seguir devanándome los sesos en tan poco tiempo y sin ayuda. Tendré que llegar a la conclusión de que la memoria remota no alcanza a más allá de los cuatro o cinco años o quizás de los seis y eso me molesta, porque al descubrirlo tengo aceptar que si muero hoy una sola de mis nietos será capaz de recordarme y eso si cuando llegue a adulta hace tanto esfuerzo como he estado haciendo hoy yo y eso me entristece tremendamente porque no dejaré huella en Cálico y Marai a pesar de todo lo que representaron en mi vida.

 

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Ligeia Poe

Ligeia Poe dijo

Yo me encargo, yo me encargo, yo me encargaré! Me encargaré de que te recuerden, de que te citen... Y seguiré tus blogs aunque nunca haya tenido uno propio. Seré yo quien los alimente, déjame por ahí las contraseñas. Les quitaré los grafittis y le rasparé los mejillones del casco, y seré la demostración de que no estarás muerto continuando tu parranda.

Si ya no oigo otra música que la tuya, si ya no incorporo a mis gustos nada nuevo, solo recojo migajas de recuerdos que tú inoculaste en mí y los renuevo embadurnándolos de nostalgia futura de tí y de tu jodida ausencia,

que va a ser más dura y cruel que tu presencia, Deralte querido, odioso mío de mierda.

Sé que no quieres que te escriba, pero vete allá con el señor arzobispo o no me hagas morirme por leerte o por no leerte, que ni contigo ni sin tí.

O hazte odiar sin altibajos, orgulloso combapatinito.

29 Noviembre 2011 | 05:12 PM

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